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el blog de ailian

Hola, soy tu hijo.

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“Hace 18 años que no sabía nada de mi padre. La historia es larga y compleja, el caso es que desapareció de mi vida. Hace unos días se me ocurrió buscarle por Google y, sorpresa, lo encontré en el Facebook. Ya me he puesto en contacto con él, hemos hablado por teléfono y la próxima semana voy a visitarle a la ciudad donde vive en Italia. Estoy emocionado e intrigado. La última vez que lo vi yo tenía 13 años. Google encuentra todo! Y para que luego digan que Facebook no sirve para nada. Gracias!”

Dejé esto dicho hace unos días en el nótame. Hoy he regresado de Italia, de la ciudad en donde me he reencontrado con mi padre y esto es como lo he vivido.

Mi padre, antes de conocer a mi madre estaba casado y tuvo tres hijos. Dos chicas y un chico. Así, recién bajado del avión me esperaban él y mi hermano paterno. Fue vernos y reconocernos de inmediato. Unos abrazos cambiaron la expectación en inmediato cariño.

Es curioso como la sangre, esa que corre por las venas, diluye las barreras del tiempo. Una de las notas más curiosas de este viaje ha sido la sensación de familiaridad, de conocer a aquellas personas de las que nada sabía desde hacía tantos, tantísimos años.

No voy a pararme a relatar todos los pormenores del reencuentro, aunque todos ellos tenían significado. Ha sido largo el proceso que me ha llevado a este punto. Lo primero, lo que tenía más claro, es que no iba reprochar nada. En mi corazón y en mi mente ya estaba elaborado el tema del abandono. La sensación por largos años establecida de que mi padre me (nos, a mi y a mis otros hermanos maternos) había abandonado. Quería verle, especialmente, para confirmar que le había perdonado. Y fue un acierto.

Él no tardó en exponer sus razones, los intrincados motivos y situaciones que habían impedido estar cerca nuestro. Los problemas que tuvo, hace tantos años, para encontrarnos. Los giros de la vida que le habían impedido ocuparse de nosotros y ayudar a mi madre económicamente para nuestro sustento. La verdad, eso ya no tiene importancia. El pasado no se puede cambiar. Lo único que se puede hacer es revisitarlo sí, pero solo para comprenderlo y aceptarlo.

remar en la misma dirección

Por muchos años yo había creído que él fue indiferente a la suerte de estos hijos a los que no vio crecer. Pero la comprensión de que esto no era cierto fue uno de los impulsos que me animó a buscarlo. Y eso me confirmó él mismo. Nos había buscado infructuosamente, y había sufrido todos estos años sabiendo que sus hijos vivían en algún lugar de España y desconocía como nos iba. Me he encontrado con un ser humano, muy particular sin duda, pero con sus sentimientos vivos como son los míos y simplemente las actitudes equivocadas de dos personas que en su día se amaron tanto -él y mi madre- y que repercutieron para bien y para mal en sus hijos comunes. Y también en los otros hijos, los del matrimonio anterior.

Ahora no importa ya. Le escuché a él y fue de alguna manera reconfortante saber que todo lo que mi madre nos había contado era cierto. Ella falleció hace muchos años. Nunca dijo una mala palabra referente a mi padre, pero tampoco escondió nada de los hechos. Y por extraño que parezca le agradezco enormemente que tuviera la valentía de separarse de él y criarnos sola. A mi y a cuatro hermanos más. Ella y mi padre eran muy, muy diferentes y no cambio nada de lo que mi madre nos dio pues fue una mujer excepcional, muy adelantada a su época que renunció a la seguridad de un hombre en su vida en pos de vivirla como ella creía. Cuando dejó de amarle, fue consecuente. Quiso educar a sus hijos como ella veía la vida: con libertad, con cariño, con honestidad y sinceridad y desde unos ideales que ahora parecen obvios pero que en su época aún no eran los mayoritarios.

Aún me maravillo de lo que hizo esta mujer. Ahora, que soy adulto y comprendo lo difícil que es abrirse camino en la vida me admira que ella fuera capaz de tirar adelante con sus hijos sola, en un mundo que aún era muy machista, y siempre de buen humor. Inculcándonos la capacidad de ser responsables, de considerar a las mujeres como lo que son, personas con los mismos derechos que los hombres, a ayudarnos mutuamente, a perseguir nuestros sueños por muy raros que parecieran… y esto lo hizo ella con el ejemplo de su propia vida. Una vida muy complicada, pero tremendamente coherente. Así como ella pensaba, actuaba. No hubieron contradicciones más allá de la prueba y error a los que todos nos sometemos a la hora de tomar decisiones.

Mi padre es buena persona. Por lo que he visto, ninguna de sus acciones o decisiones fueron tomadas con maldad. Solo le falta empatía. Esa cualidad que te hace poner en el lugar de los otros y comprender sus sentimientos. Como todas las personas -así lo creo- siempre ha intentado tomar la decisión correcta y como todos también ha cometido errores. Su mentalidad sin embargo, veinte años más mayor que mi madre era muy diferente.

Él lo ha reconocido. Sus hijos predilectos eran los chicos, los varones. Quizás ahora se da cuenta de cuánto ha dejado de lado a sus hijas. He podido constatar como mis hermanas paternas se han sentido menos queridas, muy abandonadas. Es chocante que dos personas tan diferentes hayan coincidido, pero es así. En su mentalidad, en la forma que el ve el mundo los varones valen más quizás porque los percibe como una continuidad de sí mismo. Es uno de sus defectos. Cree que todo gira en torno a él, y no le culpo. Tiene una personalidad arrolladora y además proviene de una educación de otros tiempos.

Por eso no me ha sorprendido cuando, orgulloso, me contaba que su padre le llevó a la reunión que inauguraba el segundo fascio de Italia. A los hombros de mi abuelo paterno fue declarado la mascota de los fascistas de su localidad. Cuando creció, fue de voluntario en la Segunda Guerra Mundial para apoyar a Mussolini. Cuando los partisanos se rebelaron, él patrulló las montañas para contrarrestarles. Escuchar a tu propio padre decir que ellos -los fascistas- tuvieron solo una baja mientras los partisanos tuvieron varias me produjo sentimientos encontrados. “Eran unos cobardes”, suelta el hombre. Y claro, pareciera que morían del susto… pero sospecho que fueron las balas las que mataron a esos luchadores de la libertad.

Menos mal que siempre tengo en la recámara grandes dosis de sarcasmo. Como la vida, esa vida que ahora está pasando ante mis ojos como una tragicomedia.

O afirmar que claro, con el fascismo no había libertad, pero que ellos no eran como los nazis. A los antifascistas solo los metían en la cárcel cuando venía Mussolini o alguna otra personalidad. Estaban tres o cuatro días en la cárcel pero luego los soltaban. El resto del año no eran molestados. En parte tiene razón, era desde luego menos terrible que fusilarlos.

Al fin y al cabo, nada me sorprende de lo que he sabido de primera mano. Y comprendo y agradezco conocer a mi padre ahora que es un anciano inofensivo contando batallitas. No se si le hubiera soportado en mi infancia. Un hombre incoherente, que sigue casado -aunque separado- de su primera mujer. “Es que soy católico!”-exclama. Catolicismo que no le impidió abandonarla y tener cuatro hijos más con otra mujer- mi madre. Eso sí, va a misa cada domingo.

Muy grato ha sido conocer a mis hermanas y hermanos paternos. Gente muy maja, que me han acogido desde el primer momento como un hermano más. En frases aparentemente jocosas como “bueno, espero que la próxima vez que nos veamos no sea dentro de 18 años” he notado el cariño que tenían guardado para mi todo este tiempo. Me han llegado verdaderamente al corazón y como ha dicho una de mis hermanas, ellas fueron también víctimas inocentes. Víctimas de las decisiones y la particular manera de ver la vida de este hombre nonagenario.

Y aún así, le quieren. Y el hombre se hace querer, de verdad. Es alegre y simpático. Y ha vivido una vida realmente extraordinaria. Fue, antes de la guerra, pianista y director de orquesta. ¡Incluso componía! Y le oyes hablar y percibes que de verdad profesa verdadero amor por todos sus hijos. ¡Estaba tan feliz de verme! ¡Tan contento de presentarme al resto de la familia! Una familia preciosa. De repente tengo unas sobrinas encantadoras, unas hijas de mi recién recuperada hermana mayor, otras hijas de mi otro recuperado hermano que durante tantos años les había contado que tenía otros hermanos perdidos por ahí… nos añoraba y también está feliz de haberme recuperado.

De momento a mi. El resto de mis hermanos maternos aún no se que harán… pero eso es otra historia.

Y con todo, estoy contento de haber emprendido este viaje. Algo se ha completado. Durante tantos años faltaba una parte de mi, me sentía mutilado en el alma.

Recuperar, aceptar y reconocer a mi padre y mi familia paterna me trae paz en el corazón. Ha sido arduo, difícil… y muchas las causa que me han llevado a dar este enorme paso. Hago aquí un huequito para dar las gracias a mi maestro espiritual, que ha sido el que me insinuó esta necesidad. Un gran maestro del Tao, filosofía que ahonda en las causas, en la naturaleza de los problemas. Y ahí en la misma naturaleza de los problemas, en el origen de los mismos, se halla la solución.

Y como todas las grandes filosofías, todas aquellas que durante siglos han buscado la manera de superar los obstáculos de la vida, de desarrollar el potencial humano, desvela una de las herramientas más poderosas para transformar el sufrimiento en paz: el perdón.

Así, he perdonado a mi padre. He podido abrazarle, reconocerlo, besarle y quererle tal y como es con sus virtudes y sus defectos. Y con ello se ha desvanecido el dolor. Con ello he recuperado y completado mi familia.

Y, bueno, el hombre no lo ha hecho tan mal. Él es la causa de que ahora yo exista, esté vivo. Con ese humor surrealista que caracteriza la vida, aquí estoy: profundamente anarquista, si hubiese sido contemporáneo de mi propio padre hubiéramos sido enemigos acérrimos. Feminista hasta la médula, más habiendo vivido al lado de una mujer, mi madre, que fue pionera en luchar por sus propios derechos y reclamar una vida independiente rompiendo los moldes que reinaban en su época.

Y a diferencia de mi padre soy consecuente con la propia espiritualidad. Vale que me he buscado un camino muy libre -el del Tao- vacío de dogmas y falsas moralidades… pero consecuente al fin y al cabo.

Estoy muy, muy agradecido. Contento de abrazar a la familia que ha estado siempre ahí, esperándome. Contento de reconciliarme con mi padre y aceptarlo tal y como es. Quererlo incondicionalmente. Contento de que la vida haya sido así y no de otra manera. Contento de aplicar las enseñanzas de mi maestro y mirar de frente a los problemas y aplicarles la solución.

Y especialmente feliz por verificar el enorme poder del Perdón. Espero que cualquiera que lea esto, reflexione y le de ánimos para deshacerse de algún viejo rencor que tenga en su corazón y reconciliarse con alguien importante en su vida.

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Written by ailian

15 marzo 2010 a 10:01 pm

Publicado en filosofía, relaciones

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10 comentarios

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  1. No hay duda de que tu madre fue una persona extraordinaria. Tú eres la mejor muestra de ello.
    Ojalá todos tuvieramos solo la mitad de valor que tú, porque lo fácil es odiar y huir,… y lo dificil es perdonar y acercarse.
    Gracias por darme una lección, me encanta seguir aprendiendo, y por darm la esperanza de que hay gente en el mundo tan maravillosa como tú.
    Besos :*

    wochi

    15 marzo 2010 at 11:24 pm

    • Gracias, wochi.. Y sí, mi madre fue realmente extraordinaria. Es curioso como este aceptar y reencontrarme con mi padre también ha significado en cierta manera un homenaje a ella. Me siento muy orgulloso de ser su hijo.

      ailian

      16 marzo 2010 at 2:28 am

  2. El irracional e irrefrenable poder de la sangre… que vence los mayores antagonismos ideológicos y aturde al que en contradicciones se embarga.

    A estas horas de la madrugada, solamente te escribo unas líneas para dejar constancia de que me he colado en tu ventana y de que veo a una persona con la conciencia tranquila… y es que el que ha sembrado trigo, mañana tendrás panes… y bollos… ¡y tortelliiini! 😉

    Un saludillo, que no sé si ya te acuerdas de mí 🙂

    Semiramis

    16 marzo 2010 at 1:37 am

    • Claro que me acuerdo de ti. Incluso llegué a escribirte, pero nunca me respondiste!
      Algunas veces he recordado tu memoria, por ahí, ya sabes. 😉

      Muchas gracias, un comentario muy reconfortante.

      ailian

      16 marzo 2010 at 2:26 am

  3. Después de leer tu post se queda uno con una sensación de alegría ligera y agradable. Es súper bonito saber de perdón y aceptación sinceros, y aunque a veces hacen falta los dogmas, todos (incluido tu padre) estamos en ese gran camino; superando el egoísmo.

    Besotes.. 😀

    Gabi

    16 marzo 2010 at 1:40 pm

  4. […] Hola, soy tu hijo aixi.wordpress.com/2010/03/15/hola-soy-tu-hijo/  por antono hace 2 segundos […]

    Hola, soy tu hijo

    5 abril 2010 at 6:49 pm

  5. :___)

    Con lo fácil que es odiar y lo difícil que es perdonar… Mi familia siempre ha sido compleja, con tres hermanastros, pero siempre nos hemos querido mucho, y la madre de ellos me llevaba por la calle como una hija más, mientras los vecinos la criticaban porque iba por ahí con la hija de la mujer que le había arrebatado a su marido, pero ella siempre decía “Es que ella no tiene culpa de nah!” 🙂

    Shakarina

    5 mayo 2010 at 8:55 pm

  6. Te saludo.

    He disfrutado la lectura de tu historia.
    Me ha sorprendido que la cuentes en esta plaza transitada.
    Quizás porque a mí me resulta difícil hablar de la familia en público.

    Toda una lección de generosidad.

    rogerius

    6 junio 2010 at 12:01 am

  7. He buscado dentro del correo y no he encontrado ninguno tuyo, el caso es que quiero escribirte, que este verano tengo pendiente un viajecito por Barcelona y quizás vaya a echar un vistazo a otra meneanta.

    Mándamelo si eso. Besos!

    Semiramis

    13 junio 2010 at 1:15 pm

  8. No cabe duda de que tu madre era una persona extraordinaria. Muchas de las cosas que te ha inculcado a mí me las a descubierto la vida. Cada uno tiene su maestro.

    Enhorabuena por el blog, es lo mejor que he leído en mucho tiempo.

    Lluís

    25 febrero 2011 at 10:59 pm


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