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el blog de ailian

Las luces del Camino de Santiago

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En el artículo anterior sobre el Camino de Santiago explicaba algunos de los puntos oscuros que se pueden encontrar en el mismo. En este voy a intentar resumir en pocas palabras las luces, las virtudes que tiene recorrer esta vía de peregrinación.

Primero es necesario explicar un poco qué significa “peregrinar”. Dice la RAE en su primera acepción que es “andar por tierras extrañas”. No está mal como síntesis de lo que es, pues el peregrino deja atrás su vida cotidiana, su rutina, los lugares habituales que conoce y se adentra en tierras extrañas, que no ha visitado; emprende pues un viaje hacia lo desconocido.

Y dentro de este desconocer, se incluye lo que uno mismo es pues solo nos conocemos en el ámbito en el que vivimos pero desconocemos nuestro actuar e incluso nuestro pensar en situaciones nuevas que nunca hemos ni imaginado. ¿Quién no se ha sorprendido de una reacción propia ante un determinado hecho? ¿Quién no se ha dicho alguna vez “no me reconozco”, “yo no soy así”, “no se qué me paso”?

Camino en Galicia, rumbo a Finisterre

Ahí está uno de los grandes valores del Camino: descubro partes de mi que desconocía igual que estoy descubriendo partes de la Tierra que nunca había visto. En mi caso personal, darme cuenta que esa personalidad que creemos tan férrea e inmutable no es más que una fantasía en nuestra mente. Que nos construimos una imagen de nosotros y vivimos de acuerdo a ella, pero cuando aparece una circunstancia no prevista y sorprendente, nuestra manera de actuar puede no tener en absoluto que ver con esa imagen, puede incluso contradecirla o desmoronarla por completo… pero aunque esa imagen de nosotros se desintegre, nosotros seguimos siendo, sintiendo, pensando… existiendo. Y cuando te das cuenta de  eso y ocurre una y otra vez… Ves la verdad que hay detrás de todo eso: que podemos ser como queramos. Podemos ser quien queramos. De hecho, siempre es así, pues esa imagen que hemos formado es arbitraria, y entonces, puestos a elegir; ¿por qué no escoger una menos limitada, que te haga sufrir menos? En mi caso, entre otras cosas, desterré la inútil y paralizante timidez de mi personalidad.

El Camino actúa sobre uno como el fuego, que transforma todo lo que toca y como el agua, que limpia allá por donde pasa.

También cambia la percepción que uno tiene de la gente, ese ente abstracto y a menudo menospreciado. La “gente” suelen ser los demás, pero no cualquiera sino los desconocidos. “La gente es que es tonta”. “Había demasiada gente”. “La gente no sabe lo que quiere”. “No te fíes de la gente”.

Así es como vivimos con miedo a los desconocidos. Pero la gente que me encontré en el camino era muy diferente a esta imagen negativa. La misma gente con la que no hubiera cruzado palabra en la cola del supermercado, en la parada del autobús o caminando por la calle estaba ahí.

Supongo que al estar todos yendo hacia el mismo objetivo, con los mismos dolores en los pies por las ampollas o la misma sed cuando llevas recorridos varios kilómetros hacía que todos nos sintiéramos familia. Basta decir “¡Buen Camino!” y la amistad ya está establecida. Sin distinción de sexo, nacionalidad o aspecto físico.

Una microsociedad en donde aparecen los más altos valores humanos: la empatía, la solidaridad, la ayuda mutua, el compañerismo y el cariño.

La niebla se dispersa (perdido antes de llegar a Burgos)

Cuando se vive en paz y se tiene un objetivo común aflora lo mejor de cada individuo. ¿Por qué no ocurre esto en nuestra sociedad mundana, la de todos los días? Al fin y al cabo también seguimos el mismo camino, el de la vida. Y los mismos objetivos: todos queremos felicidad, tener nuestras necesidades cubiertas, amar y ser amados, vivir en paz…

El caso es que esa “gente” de la que tenía una imagen negativa también cambió. Descubrí que cualquier persona puede ser extraordinaria, cualquier persona puede darte un consejo valiosísimo y cualquier persona deja de ser “gente” cuando te acercas a ella abierto a conocerla en lugar de con recelo.

Quería haber hablado de ejemplos concretos en mi experiencia entre los bellísimos y variado parajes que transité en mi marcha y anécdotas con varias de las personas que me ayudaron o me asombraron. Pero para no hacer este artículo demasiado largo seguiré con lo que aprendí y me tansformó como persona.

Cuando llegué a Finisterre el que había salido de Barcelona ya no existía.

El chico que había salido de Barcelona no se imaginaba que pudiese recorrer 1.200km a pié. No podía saber que después de los primeros 400km, en los que estuvo sufriendo físicamente, con dolores en los pies, ampollas, irritaciones en la ingle y un continuo estado de desasosiego y rabia por las incomodidades y el creer que eso que estaba haciendo no tenía sentido (con montones de veces pensando en abandonar) sería capaz de superar esos obstáculos e ir más allá. Que más allá descubriría el placer de caminar, de admirar un árbol y agradecerle su sombra. De admirar a otras personas por el simple hecho de ser humanas.

El que llegó a Finisterre era un hombre nuevo, con una nueva Fe en la humanidad y con un renovado amor hacia esta Tierra y especialmente agradecido por comprender que si la vida tiene un sentido es por todo lo que nos enseña.

Una de las más bonitas lecciones que recibí me la dio una peregrina de 8 años que viajaba con su padre. Estábamos haciendo un descanso sentados en un murito de la iglesia en el camino de Santiago a Finisterre. Estaba deshaciendo en sus manos pedacitos de mica que había recogido por el camino y que luego utilizaba como purpurina con la que decoraba su rostro. Se giró mirándome con sus enormes ojos brillantes y con una profundidad y seguridad en la voz insólita para una niña me dijo:

– ¿Sabes? La naturaleza nos da todo lo que necesitamos.

La evidencia que proviene de la propia experiencia.

La playa de Finisterre. Encontrando la vieira. Fin del camino.

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Written by ailian

5 junio 2011 a 6:58 pm

Una respuesta

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  1. Tarde o temprano yo también tendré que hacer el Camino de Santiago.

    Jaime

    5 junio 2011 at 7:28 pm


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